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22/05/2017 | 10:07hs
•NACIONALES
La historia sin fin: veinte años después, otra vez juzgarán a Marcos por narcotráfico

Será su cuarto juicio por drogas. Lo increíble es que, al igual que en los 90, lo acusan de vender las mismas variedades, con los mismos “soldados”, en los puestos de siempre de su territorio, la villa 1-11-14 del Bajo Flores. Nada lo frena.

“Un lindo recuerdo. Gracias viejo, siempre vas a ser mi orgullo. Sos lo mejor que Dios me regaló... acá te espero para levantar la otra copa juntos. Te amo, pá”. El texto -posteado en Facebook el pasado 16 de febrero- acompaña la foto de un simpático nene levantando una copa el día de su cumpleaños. A su lado, su padre lo mira embobado y con una gran sonrisa. La imagen tiene más de 15 años y podría ilustrar un póster, si no fuera porque la historia detrás de ella opaca cualquier ternura aparente.
El hombre de la foto es nada menos que el narco peruano Marco Estrada Gonzáles (53, alias “Marcos”), eterno líder del comercio de cocaína, paco y marihuana en la villa 1-11-14 del Bajo Flores y protagonista, además, de una sangrienta guerra por el territorio de la droga que dejó más de 20 muertos entre fines de los 90 y principios de los 2000.
Con tres condenas como narcotraficante en su haber, “Marcos” fue detenido nuevamente en diciembre de 2016 en su lujoso chalé del barrio privado La Celia, en Ezeiza, por orden del juez federal Sergio Torres. Por ese caso él, su esposa -Silvana Salazar, de 44 años y también detenida- y 25 personas más acaban de quedar al borde del juicio oral.
En un dictamen de 259 páginas entregado la semana pasada al juez Torres, los fiscales Juan Pedro Zoni y Diego Iglesias, de la Procuraduría de Narcocriminalidad (PROCUNAR), acusan a Estrada Gonzáles y a Salazar de ser los organizadores de una banda dedicada al tráfico de drogas, un negocio superexitoso que les dejaba al menos un millón de pesos por semana. Les entraba tanto dinero que hasta tenían a una mujer recaudadora encargada de cambiar los pesos por billetes de 500 euros para que el botín no ocupara tanto espacio. Para hacer aún mejor su trabajo Gladys, la recaudadora, se asesoraba con una “bruja” que quedó bajo la lupa debido a una serie de mensajitos de texto en los que aconseja dónde hacer entregas y cuándo cambiar los chips de los teléfonos.
El documento de los fiscales -al que accedió Clarín- demuestra que pese a las detenciones de los cabecillas, las condenas, los operativos especiales de seguridad y el arresto de más de 100 integrantes de la organización a lo largo de los años, el esquema de tráfico de “Marcos” nunca se resintió e incluso fue perfeccionándose.
En dos décadas los nombres de las primeras y segundas líneas se repiten en los expedientes; los puestos de venta continúan en las mismas manzanas de la villa ( “Puesto Varela”; “Puesto San Juan”; “Corner de Lalo”; “Puesto Cancha de los Paraguayos”; “Puesto San Jorge”); los búnkers de armas persisten como parte fundamental del funcionamiento de la banda y hasta el packaging de la droga es idéntico: bolsitas cerradas con cinta roja para la cocaína, con cinta negra para el paco y transparentes para la marihuana.
“Nada ha impedido que la banda continúe con idéntica actividad en los mismos lugares a través de idéntica modalidad operativa”, se admite en el dictamen fiscal, en el que se detallan las más de 100 detenciones logradas en las sucesivas causas y también el hecho de que casi todas se zanjaron con penas no superiores a los seis años de prisión gracias al uso de los juicios penales abreviados.
A esta altura nadie subestima el poder de “Marcos” y menos aún las autoridades. Tal vez por eso, luego de ser detenido en la madrugada del 16 de diciembre de 2016 su destino fue un área especial dentro del Complejo Penitenciario II de Marcos Paz. Estrada Gonzáles vive bajo el llamado “Sistema para la Reducción de Índices de Corruptibilidad (IRIC)”, un lugar estanco, en el que tiene sólo contacto con una docena de compañeros de pabellón y con (se supone) guardiacárceles inmunes a las coimas.
Allí, por ejemplo, terminó Eduardo Juliá -hijo del ex jefe de la Fuerza Aérea, condenado por narco en España- cuando lo extraditaron al país y también está alojado el intendente de Itatí, Natividad “Roger” Terán.
“El que está sentado vende, tiene la bolsa de droga de un lado y del otro una bolsa con plata. Los otros lo cuidan. También puede haber otra gente que esté un poco más lejos para que avise si viene la Policía. Para eso silban y los otros ya saben. Sólo pasando se ve que hay un montón de gente, como si fuera ANSES”, contó un testigo de identidad reservada. “Soldaditos”, “campanas”, “satélites”, nada parece haber cambiado desde 1996 cuando Marcos, con aliados que luego se convirtieron en enemigos mató al líder paraguayo de la villa 1-11-14 y comenzó su carrera hasta la cima.
Su triunfo fue también el triunfo de su clan. Hoy, de acuerdo al expediente a cargo de Torres, “Marcos” se reparte el comercio de drogas en la villa con su hermano: un mes cada uno. “Marcos” dirigía todo desde su mansión de La Celia y ahora se supone que lo hace desde el penal de Marcos Paz; Fernando Estrada Gonzáles, más conocido como “Piti”, manda las órdenes desde más lejos: vive en Perú desde que quedó con captura internacional en la Argentina, en 2010.
La tercera pata de la cúpula de la organización es Silvana Salazar, esposa de “Marcos”, quien fue condenada con él en dos de las causas por tráfico abiertas contra el clan. Detenida también en diciembre, está alojada en la Unidad 3 de Mujeres de Ezeiza y es la principal punta que llevó a la Justicia a investigar a iglesias evangélicas como vía potencial de lavado de dinero.
“Tesorera en el trabajo para la obra de Dios”. Así se define Salazar en uno de sus perfiles de la red social Facebook. Tiene al menos dos y en ellos se mezclan imágenes familares con frases de autoayuda o religiosas. Una de sus fotos de perfil, que lo resume todo, está mezclada entre alabanzas a Dios y mensajes de amor a sus hijos. La imagen en cuestión: una Biblia con forma de pistola.


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> http://www.corrientesonline.com/notix2/noticia/101171_

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