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Médica graduada en la UNNE premiada en Brasil: “No pude haber tenido mejor formación”
 
 

Miercoles 01/07/2020 | 23:17 hs. |
Su profesión la llevó a explorar otros rumbos. El gusto por la Medicina Tropical orientó su camino hacia el Amazonas brasilero; y por su vocación y compromiso de servicio, la abrazaron en Santarém, un pequeño municipio del estado de Pará. Mariana Martínez Quiroga es médica infectóloga graduada en la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), y hace casi dos décadas dejó su Chaco natal para asentarse en el vecino país donde recientemente fue distinguida con la medalla “Padre João Felipe Bettendorf”, el mayor reconocimiento que el municipio donde vive entrega a aquellas personas que se destacan en sus campos profesionales y así contribuyen al desenvolvimiento de la ciudad.
Como con cada logro de estudiantes y graduados, el reconocimiento fue motivo de alegría en la familia de la UNNE y desde la Radio de la universidad tomamos contacto telefónico con Mariana para transmitirle las felicitaciones y contar su historia. La amena charla fue también ocasión para que ésta reconocida profesional de la salud recuerde su formación en esta casa de estudio.
Con emoción en la voz, aseguró que los recuerdos que guarda de su paso como estudiante de la Facultad de Medicina de la UNNE son “los mejores”. “Desde las clases de anatomía en la morgue con el Dr. Civetta, hasta los últimos años de internado en el Hospital Escuela, fueron los mejores años”, aseguró.
“Realmente nuestra formación, tanto en la parte académica en la Universidad como en la residencia, yo creo que no pude tener una mejor”, aseguró Mariana y recordó las vivencias también del internado y después en la residencia médica con pacientes: “fuimos privilegiados”, valoró.
Dada su experiencia en el vecino país, comparó por ejemplo la realidad académica de quienes hoy estudian en la Facultad de Medicina que funciona en Santarém hace unos 5 años. “Allí los estudiantes dan Anatomía pero en los libros y modelos; nosotros disecábamos cadáveres”, comentó. “Entonces creo que fuimos generaciones privilegiadas en eso, tanto en la parte de laboratorio, anatomía y después en el internado, contacto con pacientes y demás, nuestras vivencias creo que fueron maravillosas”, agregó.
Sonriente, Mariana valoró incluso los vínculos humanos de aquella época. Las relaciones forjadas en ese tiempo siguen firmes aún a la distancia. “Mantengo contacto con casi todos mis compañeros de promoción”, aseguró.
 
Los inicios en el camino de la Infectología
 
La calidez de la lengua portuguesa se trasluce en el castellano de Mariana. Y la historia que así cuenta, la suya, la de sus comienzos en la Medicina Tropical y allí en tierras amazónicas, no pueden menos que conmover a quien la escucha.
Allá por 1999 y ya con el título de médica de la UNNE logrado el año antes, la joven Dra. Martínez Quiroga comenzó su residencia de Clínica Médica en el Hospital Perrando de Resistencia, Chaco. Pero en el último año y ante la posibilidad de hacer tres meses de rotación opcional, comenzó el camino hacia la Infectología. “A mi siempre me gustó la parte de infectología, de Enfermedades Tropicales. Y cuando comencé a averiguar dónde podía hacer esa rotación, surgió la posibilidad de ir al Instituto de Medicina Tropical de San Pablo. Comencé a escribir para ver si me aceptaban y tuve noticias de que también había una chaqueña haciendo una rotación allá. Y bueno, comencé a escribir las cartas y me aceptaron”, recordó ese momento con la alegría y el entusiasmo de entonces.
Realizó entonces la rotación en el Hospital de Clínicas de la Universidad de San Pablo. “Fui con la intención de quedarme 3 meses”, dijo sonriente. Y es que estando allá supo que había lugares para que extranjeros puedan hacer la residencia de Infectología. Entonces, “ya que estaba estudiando allá, dije bueno estudio un poquito más y me presento a la prueba de residencia”, pensó Mariana y así lo hizo. Resultó seleccionada, por lo que volvió a San Pablo en 2001, pero ya como residente de Infectología del Hospital de Clínicas.
“Los residentes extranjeros no teníamos salario, pero nos daban casa y podíamos desayunar, almorzar, todo en el hospital”, recuerda, aunque lejos de decirlo a modo de queja, lo señala con el optimismo de quien supo ver allí una oportunidad.
 
El latir del Amazonas
 
Dos años la Dra. Martínez Quiroga estuvo en San Pablo, y ya durante el primero conoció Santarém, por medio de un intercambio en el marco de un acuerdo con el Instituto de Medicina Tropical de San Pablo y la Secretaría de Salud de dicha ciudad. En aquella época, esa región del Amazonas era muy castigada por la malaria y el paludismo, entre otras tantas enfermedades propias de la pobreza y aislamiento de sus pobladores. Un convenio con el Ministerio de Salud brasilero posibilitó que médicos de San Pablo lleguen hasta allí y actúen como voluntarios en el combate a la malaria. “Entonces yo vine mi primer y segundo año de la residencia de Infecto (Infectología), a hacer aquí también una rotación opcional”, recordó Mariana cuando se apasionó con el trabajo de campo que realizó, tan afín al juramento hipocrático que había hecho años atrás en Argentina.
“Lo que más me gustó allí fue el trabajo. Llegar a comunidades que nunca habían visto un médico tal vez. Paludismo aquí era una enfermedad que mataba a todo el mundo y estaban acostumbrados a vivir con eso”, contó Mariana en diálogo con Radio UNNE 99.7.
Como si fuera hoy recuerda aún con cierta sorpresa lo que sintió y pensó cuando llegó por primera vez y se encontró con familias “que habían hecho su casita ahí en el medio del monte”. “Llegábamos a veces en canoas, remando, porque no había otra embarcación para entrar”, relató también parte del esfuerzo que implicaba para los profesionales de la salud llegar hasta allí. “Con el barco avanzabamos por la parte grande del río y después ya comenzaban esos atajos y allá perdidas encontrábamos las casas, personas con malaria”, describió la travesía y el lugar donde trabajaba junto a sus colegas.
“Es una realidad totalmente diferente de lo que nosotros podemos imaginar o ver”, aseguró. “Los chicos por ejemplo no conocían un televisor, pero no porque nunca vieron uno sino porque jamás escucharon hablar siquiera de ello”, comentó para intentar graficar la situación.
 
“Son personas que nacieron y se criaron ahí, viviendo de la caza y de la pesca y nunca salieron de allí, y sus hijos quizás construyan su casita ahí un poco más adentro. Son comunidades totalmente aisladas del mundo”, agregó.
Pero como siempre, la pobreza era proporcional a la calidad humana de esas personas. “No tenían ningún tipo de maldad”, aseguró Mariana y con emoción recordó que “cuando una llegaba, te ofrecían por ejemplo jugos de frutas exprimidos con sus manos, y hechos con el agua que sacaban de un tacho, y que era marrón”.
“Eso era lo que ellos tomaban y obviamente te lo ofrecían”, cuenta resaltando el gesto, aunque un par de veces eso le haya costado enfermarse.
 
Salud, no asistencialismo
 
El trabajo allí consistía en entrenar a personas para que pudieran hacer el diagnóstico en campo. “Entrenábamos a los agentes comunitarios de salud, que eran de las propias comunidades ribereñas; y ya se los entrenaba también y se les dejaba tratamiento, para los casos que den positivo, así ya se los trataba inmediatamente”, explicó sobre la forma de diagnóstico precoz que el gobierno encontró “para evitar que sigan muriendo personas”.
La doctora Martínez Quiroga valoró entonces ese programa de Malaria que en su opinión “fue bien montado, porque les llevábamos la solución, no fuimos a hacer simple asistencialismo”. “Fuimos a tratar la malaria sabiendo que nadie más lo iba a hacer, y dejamos gente formada ahí que podría sustituir a un médico”, explicó.
“Para mi fue sentirme útil para lo que había estudiado, y fue lo que me hizo quedarme aquí”, aseguró Mariana.
Tanto ella como sus colegas, iban a trabajar en la lucha contra la malaria, “pero en el camino encontrábamos brotes de hepatitis, chicos desnutridos, leishmaniasis, o lepra, que aquí en comunidades aisladas había muchísimos casos”.
Parte de la dura realidad con la que se encontraba era también, por ejemplo, que “los nenes hasta los 2 o 3 años, comían nada más que harina de mandioca, y cuando conseguían pescar la mezclaban con pescado”. Y allí sí Mariana diferencia el trabajo de la lucha contra la malaria, de lo que pudieron aportar para contrarrestar los índices de desnutrición o parasitosis “que sabíamos no la íbamos a solucionar. Porque no tienen saneamiento básico, no tienen agua potable, toman agua de ríos que muchas veces están contaminados”.
“Eran comunidades totalmente carentes de salud pública. A veces tenían puestos de salud con técnicos de enfermería, pero nunca tenían médicos. Entonces, eso fue lo que me hizo quedarme aquí en Santarém”, remarcó.
El impacto de esa realidad y su vocación de servicio, la llevaron incluso a tomar la decisión de seguir yendo a trabajar allí con la Organización Panamericana de Salud, al finalizar la residencia de Infectología.
 
 
La realidad hoy
 
Mariana revalidó luego su título de Médica en Argentina y se especializó en epidemiología y control de infecciones en la Universidad Federal de Pará (UFPA).
Ya instalada en Santarem, pude trabajar como médica infectóloga e implementó el Servicio de Control de Infecciones Hospitalarias del Hospital Regional de Baixo Amazonas (HRBA), donde colaboró con la creación del Servicio de Infectología que hoy dirige.
Su trabajo en el hospital regional, que funciona desde hace unos 10 años y fue designado por el Estado para ser el hospital de referencia, le permite también hoy ejercer la medicina y su especialidad en el contexto de la pandemia Covid 19.
Allí puede ver a diario, las consecuencias de las medidas gubernamentales. Consultada sobre la situación de aislamiento, la Dra. Martínez Quiroga relató que “partiendo de nuestro excelentísimo presidente que cree que el Coronavirus es solamente una gripe simple, se comenzaron a liberar todos los bloqueos que había”.
“Estuvimos bloqueados hace diez días, no hacen aún dos semanas atrás y ya estamos viviendo el impacto de esa segunda ola”, lamentó incluso las consecuencias de ello.
Conocedora también de la realidad de Argentina, Mariana incluso comparó ambos países y aseguró que “cuando estábamos en confinamiento, no fue tan estricto como vi en Argentina u otros países. Aquí no hubo bloqueo de verdad”.
“Y ahora acaban de liberar todo, así que nos espera una situación peor, creo que a partir de la semana que viene van a aumentar aún más los casos”, anticipó con tristeza, pero con la misma vocación de servicio con la que recibió su título de Médica en la UNNE y la convicción de seguir aportando a la salud en lugares donde tanta falta hacen, como el que eligió para vivir y formar su familia.
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